Cómo lidiar con las rabietas

Los "terribles dos" es una frase que se ha convertido en parte de nuestra cultura. Describe una etapa del desarrollo en la que se llora y grita mucho por cosas que a los adultos les parecen triviales. Aunque este comportamiento suele ser un reto para los padres, no significa que tu hijo sea realmente terrible por tener rabietas. Lo creas o no, las rabietas son una parte muy normal del desarrollo de tu hijo.

Por qué se producen las rabietas

A los niños pequeños les resulta difícil retener los sentimientos fuertes. Durante los primeros años de vida, se produce un cambio en la forma en que los niños procesan la información. De repente son más conscientes de que su mundo puede cambiar. Se dan cuenta de que no siempre obtendrán lo que esperan o desean. Sus mentes jóvenes se ven abrumadas con facilidad y no saben cómo afrontar los cambios o cómo manejar sus emociones cuando se sienten frustrados o enfadados. Por eso, tienden a llorar, gritar o a dar un golpe de timón.

Estas acciones físicas suelen deberse a un centro de control de impulsos poco desarrollado y desregulado en el cerebro. Esto se combina con una evidente barrera de comunicación, ya que todavía están aprendiendo las habilidades de comunicación verbal y no verbal. Las rabietas suelen empezar entre los 12 y los 18 meses de edad, empeoran entre los 2 y los 3 años y disminuyen después, cuando los niños son más capaces de utilizar las palabras para comunicar sus deseos y necesidades.

Es muy importante recordar que, aunque muchos niños tienen mucho en común en torno a estas edades, no todos llegan a todas las etapas de la misma manera o al mismo tiempo. Los rasgos básicos de la personalidad, el entorno del hogar, los estilos de crianza y las interacciones sociales influirán mucho en la forma en que su hijo responda, procese y reaccione ante nuevas situaciones e información. Entonces, ¿qué hacer ante las "rabietas terribles"? ¿Cómo podemos evitarlas o utilizarlas como oportunidades de enseñanza?

Cómo responder

La rabieta de un niño puede ser un arma muy poderosa si ve que sus padres van a hacer casi todo lo que quieran, con tal de que deje de hacerlo. Lo mejor que podemos hacer cuando nuestro hijo se siente desregulado, es enseñarle que con su rabieta no va a ganar nada. Esto significa que respondemos al niño, pero no respondemos a su comportamiento.

  1. Permitir que el niño tenga una rabieta (con seguridad)
  2. Proporcionar un "sentimiento" verbal a lo que están expresando
  3. Tranquilizar

Por ejemplo, "Jackson, veo que estás muy frustrado ahora mismo. Está bien estar frustrado".

Con este enfoque, estás alimentando el cerebro desregulado del niño con una conexión emocional, dirigiéndote al niño, y proporcionándole una oportunidad de aprendizaje para reconocer qué emoción está sintiendo; mientras que al mismo tiempo, no das ninguna atención positiva o negativa a sus comportamientos. Una vez terminada la rabieta, es el momento de reflexionar, consolar y enseñar. "Vaya, Jackson, estabas muy frustrado porque no teníamos los zapatos azules. Está bien estar frustrado. Pero no está bien patear a mamá cuando estamos frustrados. Cuando te sientas frustrado intenta *insertar aquí la práctica calmante deseada*".

Por supuesto, la mejor técnica, con diferencia, es prevenir las rabietas antes de que empiecen, ¡si es posible!

Técnicas para dominar las rabietas

Aquí tienes algunas técnicas que puedes probar:

1. Dar opciones (pero no demasiadas)

Esto le da al niño la sensación de que está tomando la decisión por sí mismo; como si estuviera haciendo lo que ÉL quiere, no lo que TÚ quieres.

2. Hacer preguntas (evitar las preguntas de tipo "sí o no")

Hacer preguntas para conseguir que se completen las tareas deseadas hace que el cerebro en desarrollo lo sienta como un juego (por ejemplo, "¿Dónde va tu chaqueta?", en lugar de "Pon tu chaqueta en el armario").

3. Dar oportunidades

Cuando se le den dos opciones y su hijo no elija, déle otra oportunidad para que tome la decisión por sí mismo, pero añada un enfoque más sensible al tiempo. Por ejemplo: "¿Quieres los zapatos azules o los rojos?". *No hay respuesta del niño*. "Si no eliges tú, elijo yo. ¿Quieres los zapatos azules o los rojos?". Con este enfoque le has dado al niño otra oportunidad de tener el "control". Si no elige, es importante que lleves a cabo tu acción de elegir (incluso si el niño elige en el último momento después de que tú hayas elegido por él).

Cosas para recordar

  • Evita cualquier expectativa de que todas las rutinas diarias se desarrollen sin problemas y de que tu hijo no tenga una rabieta de vez en cuando. Aunque lo hagas lo mejor posible, tu hijo está aprendiendo y las rabietas son normales.
  • Evita las preguntas que puedan responderse con un "¡No!" (Aunque no te sorprendas si siguen respondiendo con un "¡No!")
  • No dar opciones cuando es importante.
  • No complique demasiado las opciones y las posibilidades si su hijo está demasiado cansado.

Recuerda que las rabietas son normales hasta cierta edad, que las personalidades difieren y que los tipos de crianza son diferentes. Las técnicas que funcionan bien para uno pueden no funcionar bien para todos. Si tu hijo tiene una rabieta (y es muy probable que la tenga), estas respuestas normales no te definen como padre ni definen tus éxitos o fracasos. Si su hijo sigue teniendo rabietas similares a las reacciones de un niño de 2 años después de los 4 años, puede considerar la posibilidad de llevar estas preocupaciones de comportamiento a la atención de su pediatra.

Categorías: Salud del comportamiento, Niños pequeños
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